Cuando se habla de felicidad el chocolate se las trae

¿El chocolate influye en el estado de ánimo? Nuestro equipo de chocolateros cuando están a tope en el obrador, nos dirán que sí, es que basta verlos con calma y sonrisa como si fueran Budas, cuando esperan kilos y kilos de chocolate para producir.

¿Qué sabes de las chimeneas de las antiguas fábricas de Poblenou?

Las chimeneas son un tímido recuerdo de un Poblenou que ya no está, se dice el anciano horchatero. Ahora, arte urbano, antes los pulmones de las fábricas. Humo, negrura, olores, pero también vitalidad, empuje y riqueza.

Desde mitad del siglo XIX se instalaron las fábricas en el Mánchester catalán, nuestro barrio Poblenou, y las chimeneas eran el símbolo de la ciudad. Las fábricas cerraron y las chimeneas pasaron al olvido.

El día después de la Fiesta Mayor de Poblenou

Al horchatero le brillan los ojos. Todavía guarda en ellos los fuegos artificiales del cierre de la Fiesta Mayor. Hasta el año que viene quiere que sigan ahí. También ha guardado las caras de los niños y su asombro.  Y los hombros de los padres, más fuertes que Hulk y tan altos como nadie… Y el fuego, porque aunque sea horchatero y no bombero, lleva encima un amor piromaníaco que no veas. Siente la traca y el corazón le late.

Aunque no lo creas, así era la playa Mar Bella de Poblenou

El anciano horchatero de Poblenou está renovado, quienes pasen por la esquina de toda la vida lo verán desparramando glamour. Quería ser visto, no es para menos, así es que salió de la horchatería hacia la playa. Mientras se acerca recuerda cuando la playa de la...

Si ves a Cobi por Poblenou, no te sorprendas

Poblenou es un barrio con talento. El atardecer en la playa, la amistad entre vecinos, un pasado enorme, sus rincones y unos vecinos que le dan un carácter singular. Xavier Mariscal, el padre de Cobi, hace unos días aparecieron juntos en una foto para la revista New Yorker y esto dijo de la playa de Poblenou:

¿Porqué no hacemos helados azules?

El anciano horchatero dice que cinco generaciones y más de un siglo haciendo helados y horchatas son para celebrar. Es casi un milagro, porque el promedio del ciclo de vida de las empresas es de once años y medio.
La llave que hizo funcionar la máquina del tiempo, pero hacia adelante, fue la confianza: en las personas, en los clientes, en la familia, en el equipo, en el barrio, y en los productos. Porque cada producto es un hijo; se los mima, se los cuida, se los defiende, se cree en ellos. Y esto no es cuento: