Cosa seria el día de Todos los Santos, suspira el horchatero centenario.
Está impresionado, ha leído el Auca de Costums de Catalunya de Joan Amades, y la cabeza le hierve. Y no es para menos:
Según la leyenda las almas que se precian bajan a reencontrarse con sus seres queridos a compartir casas y vida, sólo por un día: “Justo a mediodía, todas las almas del purgatorio salían y se dirigían a las casas de sus respectivos familiares para pasar con ellos unas horas de reunión y recogimiento. Si notaban que su pérdida había sido sentida, al volver al purgatorio se sentían aligeradas de sus penas; y, al contrario, si entendían que los suyos ya les habían medio olvidado y no sentían su muerte, la estancia se les hacía más penosa.
Se creía que, en silencio, convivían con los suyos; por este motivo se les ponía el plato en la mesa y se les servía la comida. Según el dicho popular, si no comían y el plato quedaba intacto, era indicio que las almas estaban satisfechas; y, si al contrario, comían, entonces es que sufrían en el tránsito. También se les dejaba preparada la cama donde dormían cuando estaban vivas.

Al Dr. Trueta, Poblenou

El horchatero centenario de Poblenou, de corazón abierto, quiere confortar a su familia que ya no está y a los vecinos que un día compartieron sonrisas, la sombra de los árboles de Poblenou, la misma playa, los trinos de los pájaros. Y a los vecinos que un día lo dibujaron, lo escribieron, lo cantaron, lo sanaron. Los que pensaron en Poblenou y le dieron un sentido.

Si el 1 de noviembre bajan las almas quiere recordar la memoria de todos ellos, en representación de todos los demás, incluso aquellos anónimos que forman nuestro legado.

A Josep María Huertas Clavería. Porque mostró miles de Barcelonas diversas, tolerantes, variopintas. Porque recorrió cada barrio, porque la ciudad era su motivo de vida. Por Quatre Cantons, por Icaria, por su fidelidad a Poblenou, y a su esencia.

A Xavier Benguerel, casi un documentalista del barrio de donde venimos del que sólo quedan como molinos de viento las chimeneas, las fachadas de algunas fábricas y sus palabras para que nadie se olvide.

A Anselm Clave, que no nació ni vivió en el barrio, pero su musicalidad se impuso y los coros surgieron, en su tiempo y bajo su influencia, en un barrio donde la música coral era un privilegio de pocos.

A Jaume Mariné Albamonte hijo de un pintor de paredes y de Poblenou; su fuente de inspiración fueron las mezclas de colores que veía hacer a su padre. Impresionista, nacido en el Poblenou en el año 1935, discípulo de Baqué, también de Poblenou, Impresionista, le apasionaron las marinas, y aunque vivió en el Emporda, nunca dejó a su barrio,  fue uno de los primeros en lamentar la pérdida de identidad.

A Joaquín Urgell Carcas nacido en el Vendrell, pero enamorado del Poblenou.
Los vecinos de la calle de Pere IV del Poblenou lo veían jugar al ajedrez en algún bareto sin estilo, y bajo el brazo de su quijotesca figura acostumbraba llevar una baguette. Después de una estancia en París donde se dedicó al expresionismo abstracto, vuelve al arte figurativo. Sus temas eran la locura, el ajedrez, la historia. Su obra se expuso en Europa, Nueva York y España.

A La Colla del Safrà hubo un grupo de artistas que se llamó la Colla del Safrà, fundada por Isidro Nonell. En la Colla de Sant Marti había además talentos de la talla de Joaquim Mir, Vallmitjana, estudiantes de la LLotja. el objeto de la pintura de Isidro Nonell eran marginados, gitanas, barracas y barraqueros del barrio del Pequín y Somorrostro. Un enamorado de los tonos azafranados del intenso sol mediterráneo, de allí el nombre de la Colla, muere prematuramente a los 38 años.

A Francesc Gironès ell pintor Sobré decía que Gironès era un surrealista de barrio, y este es su personal retrato”:“ En la calle Recaredo, (que ya no existe) hay un piso muy pequeñito y hay un cuarto muy pequeñito y oscuro, la luz baja del techo con una capucha de cartón de caja de zapatos que como un foco enfoca una mesita y una sillita; el resto todo son cajas con pinturas y tintes, y sentado en la silla de siempre, siempre arropado con una bata de estar por casa, el Sr Francesc Gironés, el anciano pero joven pintor mundialmente desconocido, pero a pesar de todo surrealista y muy surrealista, autor de una obra extraña, con símbolos, significados, documentos de unos mundos oníricos muy personales y pintados con unas lacas de no sé qué creo que de teñir en el ramo del agua, que nunca se secan del todo y la obra queda como pegajosa dando esa sensación de lascivia y misterio de interés sexual. Pinta estrellas hombre, y flores mujer, escenarios Chiricoiformes, colores primitivos, composiciones calculadísimas de geometría” Francesc Gironés fue el primero en pintar la Torre de les aigues”.
Extraído de Art y graffiti del poblenou de Xavier Bou.

A Carmen Amaya El horchatero centenario la recuerda. Cuando la horchatería estaba en la Barceloneta se contaban historias de esa niña que bailaba endemoniada frente al mar, la que nació en una barraca del Somorrostro y llegó a trabajar bajo la dirección de Orson Welles, y a compartir cartelera con Marlon Brando, Clark Gable, Greta Garbo. De quien Charles Chaplin dijo: “Es un volcán alumbrado por soberbios resplandores de música española”.
Bailó para el presidente de Estados Unidos de América Roosevelt y la reina de Inglaterra, “dos reinas juntas” dijo la prensa.
El horchatero la recuerda de adulta con su bata blanca de cola larguísima, esa gitanilla que imitaba en su danza al vaivén de las olas del mar y su furia cuando de repente se estrellaba contra las barracas del Somorrostro. Esa niña que hacía tronar las manos contra una mesa imitando el ruido de los trenes cuando pasaban por los railes de su barrio.

A Josep Trueta Médico e investigador vecino de Poblenou aunque su sabiduría se extendió a diferentes países europeos, donde debió migrar por razones políticas. Su técnica traumatológica sobre fracturas de guerra se aplicó en las contiendas que siguieron a la primera guerra mundial y sin mortalidad. Un año más tarde se refirió a 1.073 heridos curados con éste método, de los que sólo el 0,75 % presentó complicaciones, así pudo salvar a muchos enfermos de la gangrena. Su método se aplicó en la Segunda Guerra y en la Guerra de Vietnam. Durante su exilio en Londres fue nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad de Oxford. También fue nombrado Dr. Honoris Causa por la universidad de Barcelona. “Habiendo dejado Catalunya cuando la democracia moría en ella, es para mi motivo de gran satisfacción el que este título me sea concedido cuando la democracia renace… La libertad es consustancial en mi vida. Este acto de hoy significa el verdadero retorno a mi tierra que dejé porque no quería ver muerta la libertad de mi país”.

Roc Boronat (persona nacida en el Poblenou, escritor, concejal republicano del Ayuntamiento de Barcelona durante la década de 1930 y creador del cupón de la ONCE). Dedicó parte de sus esfuerzos a la investigación histórica sobre el patrimonio artístico de Barcelona. Sus investigaciones se centraron también en aspectos de la Cataluña de los siglos XVIII y XIX, con los movimientos migratorios, la arquitectura, la construcción y la economía. En el Poblenou de Barcelona, fue miembro cofundador del Ateneu Popular la Flor de Maig, y miembro y presidente del Arxiu Històric del Poblenou.

A las Chinches del Canem, abuelas de Poblenou, que se merecen más que una placa: aún el horchatero tiene en su memoria sus pies ligeros. Las mujeres trabajadoras de la fábrica de Godó, vestidas de negro, de ahí su nombre, que cada día atravesaban las Ramblas para llegar a trabajar entre las calles Llacuna, Ramon Turró y Llull, y luego regresaban, también de prisa para continuar con su jornada invisible e interminable de amas de casa. Estas heroínas silenciosas que se vieron obligadas a trabajar con sus niños, en un trabajo casi esclavo, no reconocido y mal pago.

A Maria Espinalt Quienes pasaban por una casa de la Maríà Aguilo, se detenían extasiados a escuchar una voz que parecía de otro mundo. Un aria de la Traviata acompañaba a los vecinos unas cuantas calles. Era la voz de María Espinalt que ensayaba en los ratos que no trabajaba en la carnicería con su padre. Los compañeros del colegio de las monjas la recuerdan cantar solos al mes de María. En el 1927 actuó como solista en el teatro Victoria y de allí a teatro Liceo en 1931con Rigoletto. Hizo Lucía de Lamermour, zarzuelas, Marina, La Sonámbula , El barbero de Sevilla, La Bohème y Tosca. Faust, Madame Butterfly, La Traviata, El pescador de perlas, Manon Lescaut, Doña Francisquita. Recorrió su voz toda España, triunfó en Madrid, y de allí recorrió casi todas las ciudades europeas. Fue elegida como hija adoptiva de Zaragoza. Pero María adoraba a su Poblenou, El diario Heraldo de Madrid muestra una gran foto de un homenaje tributado por una “entidad del Poblenou”. Se supone que se refieren o al concierto que dio en el Centro Moral y cultural de Poblenou o en el Casino de la Alianza de Poblenou que movilizó al barrio y frente a la imposiblidad de dar acceso a todo el público pusieron altavoces en la Rambla Joncar para que nadie se prive de su voz. El casino de la Alianza le rindió un homenaje inolvidable con Marina.

Cuando caiga la noche el Anciano horchatero de Poblenou probará unas castañas y dejará un vaso de horchata y otro de moscatel para las almas que vengan a ensanchar y abrigar la memoria de Poblenou, un barrio lleno de vida.