¿Te imaginas un dìa de playa sin un bocata? ¿Un paseo sin el bocadillo en la mochila? Qué haríamos sin ese trozo de pan cortado a lo largo relleno con algo que sabe a yaya. ¿ Qué sería de la memoria viva de  la horchaterìa El Tío Che sin los bocatas, nuestras piedras filosofales, los segundos frankfurteros de Barcelona, los del pan planchado de toda la vida?

Te decíamos que el bocata que comenzó siendo algo entre dos panes para saciar el hambre hoy es un ìcono de nuestra dieta, una estrella en el cielo de los miles de sabores que nuestra imaginación golosa ha sido capaz de crear.

Los panes pueden ser variadísimos, baguettes, de barra, de cristal, de centeno, de cereales, pita. Pequeños, grandes, grandísimos. Pero que adentro tengan algo que nos de haga sentir en la gloria. Parece que el origen viene del antiguo Egipto y Sumeria, y puestos a pensar en estas regiones ya nos dirás si no deliras por un buen shawarma con pan de pita.

Los americanos, en la era precolombina, se ponían moraos con las tortillas de maíz. La pupusa, una tortilla gruesa rellena era la delicia de mayas y aztecas. En Asia, Africa, y en la india había panes como el Durum, el Nan, Khubz, la pita, Kai-jiaw, y otros panecillos que se rellenaban con carne como los burritos, o kebabs.

Ya sabemos que en los orígenes nuestros trabajadores ponían entre dos panes su almuerzo, pues que no tenían ni tiempo ni dinero para ir al restaurante. Pues sí, para eso un buen bocata con el que soñar desde que se envuelve para su disfrute a la hora señalada. En 1519 ya se conocía la tortilla de maíz y la tortilla de huevo en Europa, por los conquistadores y en América por los aztecas. Se llamaba pan de maíz, llevara el relleno que llevara. Desde el siglo XV los bocadillos tenían un chusco de pan, fiambre, queso huevo, tomate y cebolla. Y nuestro bien amado bocata de tortilla parece remontarse a la época de las guerras carlistas.

El Pepito de ternera era el hit entre los diputados de las cortes de Cadiz. Durante las sesiones parlamentarias para hacer la constitución de 1812, La Pepa, necesitaban un bocata con alto valor calórico para resistir las horas de discusión, y así tuvo su origen.

Bocata Tío Che

Ahora ponte a pensar el día sagrado que apareció en cartelera el bocata de jamón. Plinio el viejo, decía que el mejor de los jamones era el de Hispania, y si… eran jamones procedentes de cerdos alimentados con bellota: los jamones de Pamplona se vendían, por entonces, en Roma. En el siglo II antes de Cristo a Catón el Censor le gustaba untarlo en aceite, ahumarlo y en la era Cristiana era frecuente cocerlo en vino y llevarlo con pan por los caminos. Digan lo que digan, la palabra bocata evoca uno suculento de jamón, jamón.

Algunos enteraos dicen que el bocadillo comenzó como tapa. Y que fue en la época de del rey Alfonso X el Sabio.Él dio origen a los llamados canapés o bocadillos porque dispuso que en los mesones españoles se sirviese vino acompañado de algo de comida evitando que el vino subiese rápidamente a la cabeza.

Después están los que dicen que el genio fue el Conde de Sándwich, un tal John Montagu. A este hombre se le atribuye el invento del sándwich. Se cuenta que durante las negociaciones de la Paz de Aquisgrán su pasión por los juegos de naipes lo habría llevado a descuidar las comidas. Preocupados por ello, sus criados se las ingeniaron para prepararle alimentos que pudiera comer sin dejar de jugar a las cartas. Así pues, el conde se acostumbró a utilizar dos rebanadas de pan para evitar mancharse los dedos con el fiambre y las carnes frías que le servían para comer, lo que le permitía satisfacer su apetito sin dejar de jugar como un verdadero caballero británico. ¿Qué os parece?

Mira que curioso el bocata de la cultura India: Brahma quería que el dios Shiva se desdoblara en hombre y mujer y  para lograr su máxima aspiración hizo una vida austera, también en su alimentación. Ponía para tal fin pequeños platos o bocadillos, para hacer gala de moderación. Y mira, los bocadillos hicieron el milagro.

Y el bocata de calamares ¿Qué?

Y adivina donde se inventó el bocata de calamares? Pues… Es de Atenas. Aristófanes era un fan descontrolado de este bocadillo.  El también incluye en sus obras los chorizos de Antigua Grecia. En una de sus comedias el prota aparecía con una vasija repleta de chorizos. Los romanos, por supuesto, dominaban el arte de la salchichería y, según algunos autores, por supuesto españoles, ya apreciaban los jamones de Hispania, o de Iberia;

El chorizo adquiere su característico color rojo en España a  lo largo del siglo XVI fecha en la que fue elaborado el pimentón tal y como lo conocemos hoy. Ahora a ese chorizo con tanta historia imagínatelo dentro de un bocata de la horchatería El Tío Che. Superbe!
En tiempos de Cervantes, a los bocatas se les llamaba “llamativos” y para Quevedo fueron “Avisillos”. Pero se llamen como se llamen eran preámbulos para beber con algún pretexto válido.

La butifarra es el no va más de los bocatas en Catalunya: apareció hace unos 700 años, era un plato que se comía en Navidad y aderezaba con limón y canela. Hay muchas variedades, las butifarras blancas, las negras, como  morcillas, de huevo, que se comen para Carnaval, y las dulces. Hay màs de trescientas variedades, se trata de un embutido fresco compuesto por carne de carne de cerdo picada aderezada con gran cantidad de pimienta y otras especias, cuando es blanca, y con sangre añadida en el caso de la negra. Las con piñones son algo celestial.  En Valencia es muy famoso el blanco y negro que incluye dos butifarras diferentes, una de cada color.

Al decir de María García Muriel, en Comer y Beber “Los bocatas son comida de paseos y excursiones, almuerzo de trabajadores, bocatas matahambre en épocas duras, capricho, lujuria de gourmets. En 1812, año de hambruna, los madrileños con pocos recursos engañaban al estómago con bocadillos de cebolla con harina de almorta que vendían los barquilleros. En ‘La Colmena’, Cela menciona a una mecanógrafa que “devora su bocadillo de butifarra y pan de tercera”. Ojo: ‘pan de tercera’. La calidad del continente pesa tanto como la del contenido en el resultado final. Y me atrevo a añadir un detalle más: la manera de colocar ese contenido.”

Pues, sí.