El anciano horchatero se imagina a Dali junto a Gala tomando su vermut. Parece que unas copas antes de trabajar le daban un allá vamos a su imaginación siempre alerta.

Wermut, Vermouth, Vermut, Vermú o Vermout, es una palabra que trae lo suyo. Sin dudarlo. Desde 1700 estos aperitivos son conocidos con el nombre de vermut, del alemán wermut, o del anglosajon wemod, forma en que se nombraba al ajenjo, principal componente, hoy en desuso porque contiene “tuyonas” que dañan el sistema nervioso. Se cree que su origen es del año 1600 antes de Cristo, es egipcio y se empezó a destilar en 1540. La primera referencia que tenemos es de Constantino Cesare De Notevoli, en 1549, en su obra “Ammaestramenti dell´agricoltura” habla de una receta de vino con ajenjo con fines curativos.
Pero el vermut no sólo brilla por el ajenjo sino por sus  80 hierbas encargadas de disparar su sabor hasta la zona donde cielo y tierra se besan. Aunque en el libro “Special Natural Wine” hay una lista de 514 elementos como hierbas, plantas, raíces, flores aptas para  la elaboración del vermut. Si con esa cantidad de hierbas no te iluminas, aunque no seas Dalí, ya me dirás que te hace falta.Los italianos le dijeron vino de assenzio, para darle más vuelo. Leonardo Fioravanti en su libro “Física” de 1678 dice que  “El vermut ayuda a la digestión; purifica la sangre, produce un sueño tranquilo y regocija el corazón”. Y si te da alegría será por eso que te gusta compartirlo, porque vermut y buena compañía son la misma cosa.

 Carpano, el gran divulgador del vermut, dice que el nombre wermut  aparece escondida en la literatura de Goethe, para ser más precisos en sus poesías. William Shakespeare menciona el ajenjo en su famosa obra Romeo y Julieta, en que la nodriza recuerda: “pues entonces yo había puesto ajenjo en mi teta” para destetar con su sabor amargo a Julieta, que tenía tres años…Pero mucho antes, 400 años antes de la era cristiana, el griego Hipócrates, médico por donde lo mires, comienza sus investigaciones para aliviar los dolores de estómago. Su descubrimiento se llamó Hipocrás, y era una mezcla de hierbas, plantas flores y vino, aunque no tenía sabor a vermut. Parece que no creó la receta, sino que desarrolló un filtro que usó para el vino, y otros médicos contemporáneos a él crearon mezclas con ajenjo.  Durante el imperio romano, en  el libro De Re Coquinaria se encontró la receta de un buen vino macerado con hierbas mediterráneas, entre ellas el ajenjo, y ahí sí, estamos frente a nuestro adorado vermut.

La edad media con sus restricciones morales extremadas vuelve a poner el vermut en el lugar de la medicina, habrá que esperar mejores tiempos. Así es como desde el absinthiatum vinum romano hasta el vermut que da a conocer Antonio Benedetto Carpano en 1786 hay un largo trecho. Pero Carpano tampoco lo descubrió, aunque sí fue su principal divulgador. Muy joven llegó a trabajar a la tienda de vinos Piazza della fiera de Luigi Marendazzo, frente al palacio Real de Saboya en Turin, y allí creó un experimento después de mezclar vino blanco, más de 30 hierbas, azúcar, y el brandy.

Marendazzo quiso que el duque Vittorio Amedeo III lo probara, y así fue como llegó a alegrar la vida de la nobleza de Milán. El duque flipó con el brebaje, y desde ese momento ocupó el lugar de licor oficial de la realeza. Así fue como gracias a la generosidad de Luigi Marendazzo con su colaborador,  el vermut comenzó a expandir asociado al nombre de Carpano. De Italia pasó a Francia aunque tenía tres veces menos de azúcar.

Y tal fue su éxito que llegó a España con Perucchi e Yzaguirre. Dolin fue la primera casa que creo en  Chambéry en 1821 un vermuth con toques florales y más ligero. Y posteriormente un vermut blanco seco.

Cómo llega el vermut a España

Perucchi lo trae en 1860 y diez años después se instalan los productores de vermut en Reus por sus viñedos y su larga experiencia licorera. Durante fines del XVII y durante el XVIII, expandió la industria y Reus fue la capital catalana del aguardiente.  Desde el puerto el aguardiente alegraba los paladares y las almas de los habitantes del norte de Europa y colonias americanas. Así era famosa una expresión: “Reus, París y Londres”, la ruta de cotización del aguardiente. Luego el vino produjo un cambio en los gustos, pero  ¿qué sería de nosotros sin el vermut? El horchatero centenario de Poblenou no se imagina la horchatería sin el vermut del fin de semana. No.

Imposible.

En 1893 el vermut nació en el barrio. Así como lo leéis, Flaminio Mezzalama representante de la marca “Martini & Rossi” de Torino vino en 1893 a abrir las puertas de la fábrica en Quatre Camins y de allí, con sólo unos treinta empleados, inicialmente,  expandió el aperitivo como la espuma. El siglo XX vino con los  movimientos artísticos de vanguardia, las tertulias, las terrazas, los aperitivos y la pasión por el vermut . Barcelona, como es habitual en la historia de las tendencias,  no se quedó al margen. Al final de los años 20 esta bebida no faltaba en ninguna reunión de la burguesía, pero como todas las modas, tuvo su momento de gloria y declinación. En 1972 la empresa vendió sus terrenos a la fábrica Titán. Mezzalama abrió un bar, el Torino, bastión modernista frecuentado por su amigo Gaudí. Ir a hacer el vermut era la salida obligada después de lamisa. Pero en la velocidad de los cambios, también las misas dejaron de ser parte de la vida familiar y el vermut con ellas.

A mediados del siglo surge el vermut en Baix Camp, y se suma a la oferta de bebidas de Tarragona, como las variedades de macabeo, parellada y xarelo. En 1892 Joan Gili fue el primer fabricante de vermut y luego Josep Boule y Enrique Yzaguirre.  como la fecha de la primera elaboración de vermut en Reus, año en el que Joan Gili registró la primera marca de vermut de la ciudad. Un año después también lo hicieron Josep Boule y Enrique Yzaguirre. A finales del XIX hubo 30 empresas que produjeron 50 marcas.

Vermut en antiguo Tío Che

Aunque el más conocido es el vermut de Turín, cuarta parte de Moscato de Canelli, y las pócimas mágicas que nadie sabe su fórmula, faltaría más.

El anciano horchatero es fiel al vermut, porque así como Dalí encontraba un punto de partida para dar pie a su loca imaginación nuestros amigos de Poblenou encuentran en él el inicio de un encuentro, de una charla, de un a qué no sabes lo que me pasó ayer, el comienzo de un proyecto, un cierre de semana con un ritual bajo el sol de la terraza, con la gente que se estima. Se le llama aperitivo no sólo porque estimula el apetito sino también la amistad y el compartir.